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“Lo más duro de la terapia ha sido conocer la verdad de lo que yo hacía. He aprendido aquí en la fundación que la violencia es una decisión, que no hay nada que la justifique”, son algunas de las palabras de Rafa* (mantenemos en anonimato al usuario por petición de la Fundación Agi), que participa en las terapias para maltratadores desde 2012.

En Cataluña, cuando un hombre tiene una condena firme de violencia de género, pero la pena es inferior a dos años y no hay antecedentes, están sujetos a hacer un programa de rehabilitación.

¿Pero qué se hace exactamente en ellos? Existe mucho escepticismo respecto a dichos programas, abogando que es más necesario ayudar a las mujeres víctimas que a los propios agresores. Pero como dijo Santigo Luque, psicólogo de dichos programas en la Fundación Agi, “es necesario también luchar con el origen de la violencia machista, y es el agresor”.

La intervención es de tipo psicoterapéutico y educativo

Como bien indica el nombre, en estos programas se trabaja desde el lado psicológico del agresor. El programa se estructura en una serie de unidades progresivas en las que se intenta modificar y mejorar las actitudes relacionadas con la violencia de género. Son terapias grupales que se celebran una vez a la semana durante aproximadamente un año, aunque según qué centro también se realizan terapias individuales aparte.

Durante las sesiones se busca alcanzar varios objetivos:

  • Tomar conciencia de pensamientos, actitudes y creencias de tipo sexista, que justifican la desigualdad de género.

  • Identificar las distintas formas en las que se ejerce la violencia de género en el entorno de cada uno.

  • Aceptar la responsabilidad de cada uno, eliminando estrategias defensivas o justificadoras de los hechos violentos.

  • Desarrollar empatía hacia las víctimas de los malos tratos.

  • Especial énfasis en los hijos como víctimas directas de la violencia de género, reconociendo formas de abuso e instrumentalización.

Pero el camino no es fácil. Santiago Luque después de 20 años ejerciendo en este ámbito lo sabe bien: “Los hombres que asisten a este tipo de terapias, tanto grupales como individuales, normalmente vienen obligados por sus mujeres y/o familiares o por una denuncia interpuesta. No hay conciencia muchas veces de lo que hacen, han dominado la relación a base de violencia, y cuando la mujer toma las riendas o toma alguna decisión como esta, no entienden nada. Nunca se plantean a ellos mismos como el problema“.

“He sido educado con que la mujer es tu enemiga”

Nos desplazamos hasta Fundación Agi, donde Santiago es psicólogo, y tuvimos la oportunidad de entrevistar a uno de los usuarios de este programa, en el que está desde 2012.

Rafa es un hombre de mediana edad que se presentó a la terapia primero por petición de su mujer y posteriormente por una demanda interpuesta. Después de 6 años de terapia nos cuenta cómo ha sido su cambio.

“En 20 años el panorama ha cambiado mucho, la mayoría de los hombres voluntarios vienen porque saben que tienen un problema”

Santiago, psicólogo que se encargó del caso de Rafa* nos cuenta en su recorrido profesional cómo son las terapias desde dentro, y cómo ha cambiado a lo largo de las dos últimas décadas.

“Cuando empecé la mayoría venían porque se lo decían las mujeres o porque tenían una denuncia y se les complicaba todo. Venían aquí a vomitar la tragedia que tenían o la perspectiva victimista del problema. Hoy en día esto ha cambiado mucho, la mayoría de los hombres que vienen, los voluntarios hablo, realmente vienen porque entienden que algo les sucede. Otra cosa es que sean plenamente conscientes del nivel de responsabilidad que tienen de lo que están haciendo”.

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Pero también nos aclara que esto es por parte de los voluntarios, los que vienen por una denuncia interpuesta vienen “enfadados con el sistema, la mujer, con cualquier cosa que no sea ellos mismos”.

Y ahí es la parte más difícil de trabajar. Pues “no están acostumbrados a que nadie les diga lo que tienen que hacer, siempre han sido ellos los que dominan la situación”.

El proceso de rehabilitación tiene varias fases, la primera es que al usuario se le realiza un cuestionario al inicio de la terapia para valorar el índice de agresividad que puede haber en la relación. Posteriormente, a lo largo de la terapia, se intenta ir identificando que esos indicadores han dejado de existir, durante el cual hay un proceso de intervención mucho más intensivo.

Progresivamente se van secuenciando el espacio de las visitas para ver si se aplica lo que se haya ido proponiendo al usuario, que lo vaya trabajando, que realmente se consolida, y el mismo te va diciendo si las situaciones de violencia se repiten, las frecuencias con las que hay broncas.

En ese proceso se acompaña al usuario bien a mejorar su conducta o, en el caso de Santiago en sus terapias, se hace un acompañamiento a la separación de la relación para que sea lo menos traumática posible, aunque muchas veces ese paso ya lo ha dado la mujer.

La efectividad de las terapias

Al llevar poco tiempo implatados estos programas, no se pueden sacar conclusiones certeras, pues se necesitan muchos años para saber si dichos usuarios reinciden en algún punto de su vida. Pues cabe la posibilidad de que quizás no reincidan en los próximos, por ejemplo, dos años, pero en los siguientes veinte sí. Además de que se puede sólo recontar esas reincidencias si existe una denuncia registrada.

El informe de reincidencias de 2017 nos puede arrojar algo de luz pero no es concluyente. Entre 2010 y 2015, de los 678 sujetos que se registraron 46 aparecieron en los registros con una nueva denuncia policial, una vez finalizado el tratamiento.

En cualquier caso, como dice Santiago, “un curso psicoeducativo tampoco es la panacea, pero mínimo le estás dando un recurso alternativo a lo que él ha oído toda la vida”.


La noticia

“Siempre han sido ellos los que dominan la situación, aquí no”: un programa de rehabilitación para maltratadores, desde dentro

fue publicada originalmente en

Magnet

por
Alesya

.

Source: Magnet. Noticias variadas.

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