El pasado domingo se celebró en el marco de la WorldCon76, la Convención más importante del género de ciencia ficción y fantasía, la ceremonia de los Premios Hugo, los más importantes de dicho género.

Fuera de toda sorpresa el premio gordo, el de Mejor novela, recayó en The Stone Sky, la tercera y última entrega de la Saga de La Tierra Fragmentada de N.K. Jemisin. La escritora se convertía en la primera persona en lograr este galardón tres años consecutivos.

Esto implica que cada una de las entregas de la trilogía, formada por La quinta estación, El portal de los obeliscos y El cielo de piedra (que editará Nova próximamente en España) se ha llevado su correspondiente premio Hugo.

‘La quinta estación’, de N.K. Jemisin, es un magnífico arranque de una trilogía que promete

Pero más allá del “logro” de N.K. Jemisin, este triple galardón es toda una declaración de intenciones de una parte de la cultura literaria que se niega a plegarse ante las facciones más conservadoras de aficionados, críticos e incluso creadores.

No en vano, desde hace años los Premios Hugo viven en batalla con los Sad y los Rabbid Puppies, aficionados a la ciencia ficción que en 2015 se las ingeniaron para copar las nominaciones con obras “de derechas” como modo de protesta ante las “tendencias liberales y progresistas” que estaba adquiriendo la ciencia ficción.

La verdad es que criticar el que la ciencia ficción se esté llenando de discurso progresista o de “agenda social/política” es no entender de qué va gran parte del género desde las primeras obras de literatura prospectiva del siglo XIX.

Las sociedades ficticias, futuras o alienígenas son, en la gran mayoría de los casos, reflejos de la sociedad del autor, de la Historia de la humanidad, y advertencias hacia dónde vamos como especie humana y qué es lo que hay que arreglar. En algunos casos es más evidente, en otros no tanto pero tampoco hace falta realizar un sesudo análisis crítico para encontrar estas alegorías.

Otra cosa es que, con el devenir de los tiempos, se haya cambiado el lenguaje y la forma de concebir estas nuevas historias y sean reivindicativas y vocales con la figura de la mujer y la gente de todo tipo de raza, credos y etnias. Y esto es lo que realmente fastidia a este sector del público lector. Como fastidia a los partidarios del gamergate y los del comicsgate.

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Este ha sido un año duro, ¿no? Unos pocos años duros. Un siglo duro. Para algunos de nosotros, las cosas siempre han sido duras. Escribí la trilogía de la Tierra fragmentada para hablar a esa lucha y que es lo que supone vivir, por no decir prosperar, en un mundo determinado a romperte. Un mundo de personas que constantemente se cuestionan tu competencia, tu relevancia, tu propia experiencia.

Así de clara se mostró Jemisin en el discurso de aceptación de su tercer premio Hugo. Un gran discurso que recoge el signo de los tiempos que estamos viviendo: es necesaria la diversidad y la visibilidad de aquello a los que la sociedad ha invisibilizado sistemáticamente.

Y no solo invisibilizar, sino que además parece que duele el hecho de que quieran hablar y expresarse culturalmente. Y hablar de los temas que les rodean y les afectan y que gente “privilegiada” como puede ser un servidor ni se huele.

Jemisin hacía referencia en su discurso a Black Panther, y creo que por ahí podemos encontrar muy buen ejemplo. En estos últimos años hemos visto exitosas adaptaciones de superhéroes negros (Black Lightning y Luke Cage). Esto se une a que en los cómics nos encontremos a personajes como Ms. Marvel… son personajes con los que quizá muchos no nos identifiquemos tanto como con otros pero eso no impide disfrutar con sus aventuras.

Por qué ‘Ms. Marvel’ se ha convertido en referente

La ficción es un reflejo de nuestra vida y un modo para tratar infinidad de temas universales en mayor o menor profundidad independientemente de cómo sean descritos sus personajes.

De hecho, si no lo habéis hecho ya, os invito a leer Justicia Auxiliar de Ann Leckie (y animaros a continuar la trilogía). No se describe a ningún personaje en razón de sexo/género… y el neutro es en femenino.

‘Justicia Auxiliar’, apasionante y monumental novela

La trilogía que comienza con La quinta estación va de discriminación, de racismo, sexismo y, según reconoce la autora, no ha querido ser nada sutil al tratarlo. Incluso su fragmentada redacción sirve para enfatizarlo. Pero más allá de su caracter reivindicativo, de los temas que aborda, la saga es sensacional: un gran ejemplo de ciencia ficción actual.

A efectos de premio, eso es lo que importa. Que sea una novela sobresaliente y, a falta de leer esta última entrega, tanto La quinta estación como El portal de los obeliscos lo son. Dentro de su categoría, creo que sus premios son merecidos (aunque no me hubiera importado que el del año pasado se lo llevara El fin de la muerte de Cixin Liu).

Este triple Hugo para Jemisin no es más que un paso importante en un largo camino. Un camino lleno de gente dispuesta a dejarse los cuernos para intentar sacar adelante su historia sin miedo a ser rechazado simplemente por ser una “historia de mujeres/negros/gays/whatever”. Lamentablemente seguirá habiendo rechazo pero este premio nos dice que hay sitio para los rechazados.


Por qué que N.K. Jemisin haya hecho historia de los Premios Hugo es más importante de lo que parece was originally published in Papel en Blanco on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.

Source: Papel en blanco. Reseñas literarias.

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