Una entre muchas

En el Día Internacional de la Mujer, recordamos este título de Astiberri que pretende dar visibilidad a las víctimas de la violencia machista, Una entre muchas.

En 1977, Una tiene doce años. Mientras la policía está desesperada por resolver el caso del asesino en serie apodado “el Destripador de Yorkshire”, Una sufrirá una serie de actos violentos que la harán sentirse indefensa, sola y culpable, y que le harán emprender un largo camino para liberarse de las secuelas de una violencia cotidiana y banalizada. Una entre muchas es la historia de esta niña, que ya mayor, reflexiona sobre estos hechos.

Una entre muchas es un cómic duro, hay que reconocerlo. Trata un tema difícil y, además, lo hace desde una perspectiva formal doble: es en cierta forma autobiografía y a la vez es ensayo social. Pone en paralelo la desafortunada investigación policial para cazar al “Destripador de Yorkshire”, que tardó cuatro años en ser capturado, con el proceso que vive Una desde su agresión hasta que cerca de la actualidad es capaz de salir a la superficie.

Una entre muchas

Porque el énfasis de Una entre muchas está en el desamparo y la incomprensión de las víctimas de agresiones sexuales. En la invisibilidad muchas veces del problema y en la culpabilización de aquellas que lo sufrieron. La autora tiene tiempo, además, para desmontar algunas de esas teorías que suelen aparecer de cuando en cuando sobre que la violencia de género no es siempre machista (Una aporta datos concretos que no tienen posibilidad de réplica) o los espacios de violencia que se han normalizado en nuestra sociedad (gritos y comportamientos violentos en los campos de fútbol, normalización de las violaciones en el cine, etc.).

La propia autora es consciente de sus limitaciones como autora de cómic. Es más, ella misma se sorprende aprendiendo a crear novela gráfica durante las doscientas páginas de la obra. Es por eso, quizá, que su acercamiento desde la inexperiencia o el desconocimiento hace que los mecanismos que usan resulten genuinos, y no meras imposturas. Una se ve obligada a experimentar en cada página para alternar el dibujo con el texto. No hay dos páginas iguales en el libro. La autora se deshace de la estructura del cómic al uso para abrirla a sus necesidades: sean para colocar un texto muy largo, o para páginas mudas de dibujos a toda página. Juega también con la inclusión de otros textos: noticias, informes, cartas, gráficos, fotografías o incluso homenajes pictóricos. Todo, desde esa bella imagen metafórica de la portada, se pone al servicio de los hechos narrados.

En el epílogo confiesa “espero que sea un buen libro, pero tal vez no uno digno”, y sin duda se refiere a su pericia como narradora. Es cierto que, quizá, la obra se alarga demasiado, o que un poco más de concisión hubiera sido de agradecer, ya que la temática es bastante dura y es tratada de forma seria y rigurosa, sin caer en ñoñerías y evitando el humor. Puede que no sea muy “digna” en cuanto a su ejecución, pero de ninguna manera es indigna por su propósito. En esas mismas líneas del epílogo, Una nos dice “tampoco fue terapéutico, pero sí liberador”. Como escritor, hace tiempo que dejé de pensar en la escritura como terapia: escribir no soluciona nada. Ni siquiera emborronar cuadernos y cuadernos de diarios para plasmar los más difíciles años de tu vida. Todo lo más, como dice Una, es liberador: un desesperado grito por dejar salir todo aquello que nos reconcome por dentro y que, así, de alguna manera, puede exteriorizarse y no gangrenar.

Así pues, como artefacto visual, a mí me deja con ciertas dudas (a pesar de que, en una segunda lectura preparando este texto, veo más virtudes de las que en principio observé), pero no así con su fondo. Una entre muchas es un contundente mensaje de las víctimas de agresiones sexuales. Es un testimonio desolador de cómo una vida se rompe (pero puede volver a levantarse) por un hecho traumático como es éste. Y cómo las víctimas de estas agresiones han sido sistemáticamente ignoradas o desoídas, cuando no culpabilizadas. El caso de Una, es cierto, se circunscribe a la Inglaterra de los años 70, una época que nos queda ya muy lejos y en la que ni siquiera el primer feminismo y la lucha contracultural del movimiento punk consiguieron penetrar en el machismo del statu quo imperante.

Una entre muchas’ (Astiberri)

Pero lo triste del caso es que pocas cosas han cambiado tras cuarenta años. Todavía persiste la idea de que las mujeres tienen que comportarse de cierta forma si quieren evitar ser agredidas, el primer paso para culpabilizarlas de esos hechos. Todavía persiste una idea social de que la mujer no puede vivir plenamente y en libertad su propia sexualidad sin recibir calificativos despectivos. Se trata de un problema sistémico. Los rasgos machistas de nuestra sociedad parecen estar muy enraízados, pero es básicamente una cuestión de concienciación, de denuncia, de visibilización de las víctimas, de debate sobre la cuestión. Y Una entre muchas es afortunadamente un vehículo para todo ello, una lectura muy necesaria (interesante sería, por ejemplo, leer fragmentos en las escuelas e institutos) para concienciarnos de un problema del que algún día, esperemos que cercano, nos podamos librar.

Una entre mucha. Una. Astiberri, 2016. Rústica con solapas, 208 pgs. B/N y color. 19€. ISBN: 978–84–16251–41–4. Cómpralo con descuento aquí.

Más información | Ficha en Astiberri


‘Una entre muchas’: la visibilidad de las víctimas sexuales was originally published in Papel en Blanco on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.

Source: Papel en blanco. Reseñas literarias.

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