La tormenta ya ha cubierto Estambul y las mezquitas y todos los lugares en donde cabe alguien, están llenos a rebosar. Las calles están desiertas. Los rayos barren la ciudad, destruyendo edificios a su paso. Imagina que cae uno de los grandes en una de las atestadas mezquitas. ¿Encontraras la salvación allí o la muerte? De todas formas, poco importa. Nadie puede intervenir en el evento del durmiente como dictan las normas, a menos que seáis tan duros como el diamante para soportar lo que hay ahí fuera. Todos estáis solos, salvo los contendientes de ambos bandos.

La humanidad está en la balanza y queda muy poco para el comienzo del evento final. La oscuridad se remueve inquieta, ávida de almas que tragar y cuerpos que destruir. Que vuestros Dios os proteja. Perdonad, es la costumbre. Nadie puede protegeros.

Gracias por leer esta entrada.

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