A simple vista las puertas de la Mezquita Azul en Estambul, no parecen esconder nada peculiar. Tras ellas está su enorme patio y poco más. Y, sin embargo, todo ahí está. Justo frente a ellas puede verse un obelisco y una columna con dos serpientes enroscadas, que solitarias, marcan una formación lineal. A quien sea lego en la materia poco le dirán, pero los doctos sonreirán, al saber sobre lo que estas se hallarán.

Para los que no tengáis ni idea de a que me refiero, la información podéis buscar. Todo es cuestión de tenacidad. Pero si queréis que resalte una obviedad, tened en cuenta que tanto el obelisco como la columna enroscada, a ras de suelo, ni por asomo están.

Gracias por leer esta entrada.

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