A un Dios Primigenio le parecemos tan insignificantes que no hace distinción alguna entre tipo de raza, sexo, riqueza acumulada, estupidez congénita o un cociente intelectual de la altura del Himalaya. Si la bestia consigue su propósito, ayudado por esos locos que creen que habrá un lugar para ellos al lado de su amo, cuando todo caiga, toda vida estará perdida.

Es curioso y risible que la arrogancia no se diferencia en ninguna raza del planeta. Si te crees superior a los demás, solo puedo decirte que ni todo el oro del mundo va a salvarte de Cthulhu y de su voraz apetito. Se tragará tu alma, quemará tu cuerpo y te volverá a reconstruir en un ciclo de infinito dolor, solo para hacer ejercicio por las mañanas. Si en un momento dado, la gente que está dando su vida por defenderte, necesita algo de ti…, piénsatelo bien. Puede que sean tu única esperanza.

Gracias por leer esta entrada.

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