Con la apoteósica tormenta preparándose para traer la oscuridad a Estambul, los del bando de Cthulhu lo celebran. Tanto es así, que el cerebro que está tras toda esta trama ya ve el final de su gran juego. Lleva tanto tiempo preparándolo que ya ni recuerda como o porqué empezó. Lo único que siente es ira. La ira del abandono. La ira que nutre las llamas de su venganza contra toda vida.

Todo juego tiene que terminar alguna vez y que mejor forma, que en el más épico de los finales. Desde su escondrijo la araña que ha tejido los hilos se ríe a carcajada limpia. Los que tratan de detenerle ni siquiera saben dónde ocurrirá el evento y aunque le falta una única pieza del puzle, sabe que también esta caerá. Sin duda caerá. Él siempre tiene un par de ases o tres en la manga. Siempre ha ido por delante y esta vez, no será una excepción.

Gracias por leer esta entrada.

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