Es bueno tener fondos de sobra cuando se acerca el fin del mundo. Solo así se puede pagar sin inmutarse, todo un vagón restaurante y uno de pasajeros para tan solo tres personas, en el tren más lujoso del mundo. Por muy bien aleccionados y entrenados que estén los camareros y el maître del vagón restaurante, alguna ceja se levantará involuntariamente, al ver comer como si no tuviera fondo a una pequeña joven asiática y casi nada a un gigantón francés.

Las vestimentas tan extraordinarias que portan los extraños viajeros -que no ocultan la fiereza que emanan-, tienen a todos los trabajadores anonadados. Desde el lujo del corte francés que luce el gigantón (que más bien parece un teutón por su rubio pelo), a la ropa italiana verde esmeralda y de un diseño inaudito, que porta la dama del cabello negro azabache. Eso sin olvidar el extraordinario y bellísimo traje de seda rojo de la joven asiática, bordado con dorados hilos de oro y al que recorre un dragón cuyos ojos, son dos piedras verdes de jade. Para esos camareros, es con mucho, lo más raro que han visto.

Gracias por leer esta entrada.

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