Solo parece un pedrusco desolado. A primera vista solo puedes observar sus altos riscos en un lateral de la isla, un par de playas diminutas y unos cuantos olivos retorcidos. Tan solo posee un único puerto donde malviven un puñado de pescadores, que venden sus paupérrimas capturas a hermana mayor, Creta. Poseen un par de mini iglesias ortodoxas, tres asentamientos humanos y un montón de arbustos achaparrados en los que algunas raquíticas cabras, intentan comer algo verde sin pincharse demasiado.

Pero ocultan muchos más secretos de lo que crees. Para empezar, nadie usa las iglesias para los rituales a los que están destinadas, nadie permite que los visitantes se queden mucho tiempo y por supuesto, nadie molesta a la dueña de la isla.

Gracias por leer este post.

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