Cuando lo das todo por ganar una batalla y usas hasta tu as en la magna para vencer, al final solo te resta encontrar una buena tumba.  La guerra que tanto habías deseado y esperado, en la que al fin podrías mostrar tu destreza y todo el valor que casi siempre te ha sido negado, para acabar en un lugar así. No hay gloria en la guerra. No hay honor. Tan solo mezquindad, dolor y muerte.

Sabiendo esto, cualquier tumba vale… Incluso las improvisadas.

Gracias por leer este post.

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