Cuando uno visita New York, normalmente lo hace por placer o por negocios. Lo extraño es ir a esa enorme urbe para ir a robarle algo a un multimillonario. El misterioso objeto que necesitan el Profesor Haven y su “Maestra”, acumula polvo en una estantería, aparentemente olvidado, como si careciese de valor. Lo único que lo hace coleccionable es que a pesar de no saber para que sirve, no hay otro igual en este mundo. Al menos, no en esa época.

Si la Maestra del Profesor Haven estuviese aquí conmigo, y pudiera dirigirse a vosotros, tened por seguro que no pararía de despotricar sobre lo bajo que han caído los de su raza. El viejo Profesor es indulgente con su Maestra porque conoce muy bien las peculiaridades de su carácter, pero si vosotros fueseis lo que es ella, sin duda también os quejaríais amargamente.

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