El mejor final que se podía esperar.

Reseña propia y sin spoilers.

Nada bueno podíamos esperar de esta conclusión, tras haber visto El amanecer del planeta de los simios. Al menos, yo no. Aquel film mediocre, no tenía ni la menor idea de que era lo que quería contar y menos aún, de cómo hacerlo épico o interesante. Como muy bien señaló un buen amigo mío -cuya cultura es mucho más vasta que la mía-, habían querido darle profundidad a la figura de Cesar, a base ecos Shakesperianos. Al final, tan solo les quedó un producto muy de nuestro tiempo: un espectáculo vacío y sin alma.

Viendo la magnífica finalización de la trilogía, ahora ya sé, para que sirvió aquel insulso pastiche. Era un mero nexo de unión entre dos grandes películas (El amanecer del planeta de los simios y La guerra del planeta de los simios), para las que si que tenían material de sobra. Visto lo visto, parece que los dípticos no interesan económicamente.

La tercera parte y finalización de esta trilogía me tenía engañado. Yo creía que no había nada en ella para contar, más allá del como tiraron las bombas nucleares, haciendo que la estatua de la libertad acabase en el quinto infierno. Estaba convencido de que eso era lo que iba a ver… ¡Como me ha encantado equivocarme! Para mi sorpresa si que había mucho que contar y, además, parecen haber seguido al dedillo el patrón de la primera parte; hay unos cuantos homenajes a El planeta de los simios de 1968, como ya ocurría en “origen“.

La impresionante banda sonora de Michael Giacchino nos envuelve con los tambores que rememoran a la original de Charlton Heston, en un film en el que se cuenta la historia mucho más con imágenes, que con diálogos. Los que vayan al cine esperando ver otro espectáculo palomitero más, en el que no se requiera pensar, van a salir un pelín escaldados con este film.

La película no es lenta, pero si que posee una cierta cadencia crepuscular y un regusto por los silencios. Ese momento en cierta cabaña, en el que solo podemos oír las olas del mar romper contra el acantilado, es una buena muestra de lo fácil que es conseguir una gran tensión sin artificios. El guion está lleno de matices, algunos muy obvios y otros no tanto, pero sabe en que dirección va y lo que quiere contar. Hay momentos de arrebatadora belleza y resulta que ni siquiera son los más espectaculares. A menudo son los más íntimos como las miradas, las caricias, el amor, la perdida, la ira y todo lo que causa la guerra, en los seres humanos y los simios, los que te atrapan profundamente.

Humanos que se comportan como animales y animales que son mucho más humanos que nosotros, y que yerran exactamente como nosotros.

Andy Serkis está inmenso como Cesar. No es solo que los efectos visuales hayan avanzado tanto, que le permitan a este maestro expresar toda la gama de emociones que las secuencias requieren, es que, sin él, no habría Cesar. Desde mi punto de vista, Andy Serkis debería ser nominado al Oscar por esta interpretación. Se que no se lo darían, pero deberían nominarlo al menos.

Con toques de western crepuscular, de drama carcelario, de homenajes a La gran evasión y a la propia El planeta de los simios, se la recomiendo a cualquiera que se acerque a verla sin prisas. Es como una buena sesión de Jazz, o un ron Angostura: hay paladearlo lentamente para disfrutarlo.

Espero que la disfruten, tanto como la he disfrutado yo.

Abstengase gente que solo quiera ver explosiones, culos, más explosiones y coches caros haciendo cosas imposibles.

Gracias por leer este post.

SINOPSIS

En La Guerra del Planeta de los Simios, el tercer capítulo de la franquicia aclamada por la crítica, César y sus simios se ven obligados a entrar en un conflicto con un ejército de humanos dirigidos por un Coronel despiadado.  Tras sufrir una pérdida inimaginable de simios, César lucha contra sus instintos más oscuros y comienza su propia cruzada para vengar a su especie. Cuando finalmente el viaje les enfrenta cara a cara, César y el Coronel comenzarán una batalla épica que determinará el destino de ambas especies y el futuro del planeta.

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